Hay ciertos libros que cuando
los lees te encuentras en una vorágine tal de acontecimientos que, aunque
captas lo que quiere decir, no los disfrutas, porque en realidad estás más
pendiente del problema que sufres en ese momento, que de la lectura en
cuestión.
Siete meses después, con unas
circunstancias personales totalmente diferentes, he vuelto a leer este libro y
por fin he podido disfrutar de su grandeza.
